¿Cómo elegir bien cuando salís a comer?

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Las 4 claves para saber elegir y olvidarte de las culpas

Si te estás cuidando en la alimentación o incluso haciendo dieta con todas las letras, no tenés por qué negarte el placer de salir a comer. De hecho, seguir disfrutando de tu vida social y familiar alrededor de la comida es clave para mantenerte motivado y sostener esos cambios saludables que estás integrando.

Es totalmente posible comer bien, seguir saliendo e incluso darte algunos gustos. Lo importante es saber elegir y no caer en el famoso “ya que estamos”.

Te contamos las cuatro claves para decirle que sí a esa salida con cero culpas, y que además te ayudan a que te caiga mejor la comida — chau a desabrocharte un botón debajo de la mesa, volver a casa pesado, o sentirte hinchado al otro día.

¡Probalos!

Las cuatro claves para elegir bien
1. Elegí el restaurante

Si siempre caes en el mismo lugar dónde hay solo fritos, todo tiene porción extra de queso o solo hay carnes, va a ser mucho más difícil que elijas bien tu plato. Cuando tú proponés el restaurante tenés muchas más chances que el menú incluya comidas en tu línea, y además podés cuidar que sea un lugar que trabaje con productos frescos y de calidad – sí, aún si vas a comer pasta esto cambia todo.

Animate a explorar y probar algo diferente. Ojo, no todo lo que dice “vegetariano” o “vegano” es sano o balanceado, pero si el resto incluye platos así, es probable que tengas más variedad y encuentres opciones que te tientan sin caer en tanta grasa y sal.

Cuando salgo a comer me encanta aprovechar a pedir esos platos que me dan trabajo hacer en casa o con algún ingrediente que nunca uso; la variedad siempre es un buen inicio.

2. Llegá preparado


Un tip clásico, pero fundamental: no llegues famélico. Esto es especialmente importante si vas a salir un sábado de noche o un domingo a mediodía, porque es un hecho: van a demorar en atenderte. Aún si tenías reserva en tu resto favorito, es muy posible que pases un buen rato solamente con la panera enfrente y todo el repertorio de refrescos y bebidas.

Los seres humanos somos por definición “completadores”, eso quiere decir que lo que tengas enfrente te lo vas a bajar casi que sin querer – y si estás con hambre ni te digo. Para no tentarte podés pedir que no te traigan panera.

Pixabay
Paso previo en casa: un rato antes de salir comé un snack. Por ejemplo, media palta con limón, una manzana con manteca de maní o simplemente un puñadito de almendras. Vas a llegar cómodo para dejar la panera solita y dedicarte a disfrutar la conversación.

3. Los acompañantes

Pixnio
Sea lo que sea que pidas de plato principal, pedí también una ensalada verde de guarnición. Fundamental que sea sin queso ni salsas pesadas para evitar sal y calorías extra.

Una ensalada verde va bien con todo – tanto una picada de mar, como un asado o incluso una pasta–. Va a balancear tu plato, mejorando el aporte nutricional y el índice glicémico entre otras cosas, que te ayuda a la saciedad y a la quema.

¿Te quedó muy grande el plato con la guarnición incluida? Si estás con una amiga, proponele compartir ambos platos (la ensalada y eso otro que elegiste) o simplemente pedí lo que te sobre para llevar –que no te dé vergüenza, porque mañana seguro te viene bárbaro y hoy tu cuerpo está agradecido que no te pasaste de cantidades–.

En la misma línea, sea lo que sea que tomes pedí una botella de agua para acompañar. O directamente pedí solo agua. Me encanta pedirla al mejor estilo europeo con hielo y una rodaja de limón.

4. Pedilo sin sal

Thomas Brueckner / Flickr
Uno de los grandes problemas de comer afuera es la sal. Es la responsable directa de que estés hinchado al otro día e incluso de que suba la balanza, porque te hace retener líquido.

Es muy posible que en la cocina del resto usen mucho más cantidad que en tu casa, o incluso que algunos ingredientes ya vengan con sal incluida (queso, jamón, pan…), y eso tu cuerpo lo siente.

Como primera medida, no pidas el salero para tu mesa, pero además podés ir un paso más allá y pedir tu comida sin sal.

No es posible para todos los platos y muchas veces vas a tener que instruir a los mozos en qué significa comer sin sal –sí, es muy posible que no sepan que la pasta rellena de su menú ya tiene sal incluida con el relleno prehecho, que la masa de las miniaturas está prehecha con sal, o que el queso tiene sal–. Tené paciencia en conversarlo y ver qué opciones van bien contigo; como en tu caso estás pidiendo sin sal por preferencia y no por un riesgo como sería para una persona con hipertensión, podés manejarte con flexibilidad si tiene sal alguna cosa pero el hecho de pedirlo sin sal agregada puede bajar considerablemente el contenido que termina teniendo tu plato, y eso vale la pena!

Si aún con tus esfuerzos para comer sin sal sentís que se coló más de lo normal y necesitás compensar, cuidá de aumentar tu consumo de agua el resto del día y al otro. Si te podés hacer un jugo verde al menos por un par de días, también te va a ayudar contra la retención.

Unos tips extra para el postre

Para muchos el gran tema de comer afuera es el postre. Darme el gusto o no darme el gusto… Las prohibiciones no funcionan, así que elegí con libertad, pero tenelo presente desde el primer momento.
Si ya sabés que lo que más te gusta de ese lugar es el postre, elegí un plato más liviano o dejá afuera la bebida azucarada, así vas compensando.
Compartirlo siempre es una buena opción, cuando te vas acostumbrando, un par de cucharadas dulces son más que suficientes.
Incluso puede ser que se te vaya la necesidad del postre, muchas veces es solo costumbre o las ganas de estirar un poquito el momento. Pedite un té verde en cambio.
Otro tip para el postre que hago seguido es comerlo en otro lado. Si puedo llegar caminando mejor. Resulta todo un paseo extra caminar a la heladería que está a 3 o 10 cuadras, seguir la charla en el camino (¡ida y vuelta!) y en general al darte ese tiempo extra de pensarlo y ver si estás satisfecho, puede ser que sinceramente prefieras saltearte el postre o simplemente disfrutar de un helado chico.
Por más información ingresá a TanVerde — www.tanverde.com

Autora del libro “Como comer sano para adelgazar”, Maren trabaja desde hace más de 30 años en policlínica y piso en uno de los sanatorios más importantes del país. Se formó en Uruguay y también en el extranjero, profundizando en la dieta cetogénica para el control de epilepsia.

Siempre ha priorizado el trabajo en equipo, trabajando desde hace más de dos décadas en un equipo interdisciplinario con un cardiólogo y psicólogas para el cambio de hábitos, y con neurólogos y neuropediatras en la dieta cetogénica.

Más recientemente Maren se dedica a un emprendimiento familiar de alimentación detox y saludable, ofreciendo cursos online con coaching nutricional en TanVerde.