Fuego y muerte en las favelas de Río

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Militares y policías combaten a los narcotraficantes en las favelas, que lograron regresar a su territorio

Entre tantas dificultades que padece hoy por hoy el estado de Río de Janeiro, la violencia generalizada, sobre todo en las principales favelas de la ciudad –en las que vive la cuarta parte del total de su población, es decir alrededor de 1,5 millones de personas– parece no tener fin.

Y las autoridades no han podido encontrarle la vuelta a un problema que se agrava con el correr de los meses.

Luego del esfuerzo que supuso controlar la seguridad durante la realización de los Juegos Olímpicos a mitad de 2016, el estado no pudo reducir la violencia en la ciudad, sobre todo en las favelas, un territorio que siempre estuvo dominado por organizaciones de narcotraficantes.

Hace algunos años, los militares habían logrado meterse en las favelas, un territorio en el que muy pocos podían entrar, y consiguieron algo que por entonces parecía ser una utopía: sacar a los narcos, desarticular las bandas más peligrosas y, lo más importante, apresar a sus principales líderes.

Ese proceso llevó tiempo pero dio resultados.

Pero claro, los apremios financieros del estado y las dificultades surgidas el año pasado, sobre todo para poder afontar los gastos operativos de los servicios públicos –incluidos los salarios de los funcionarios, entre los cuales figuran los policías– contribuyeron a generar un clima de descontento popular.

Y eso en los hechos se transformó en un terreno fértil para favorecer el regreso paulatino de los jefes narcos a su feudo de siempre.

Porque los padecimientos económicos de la población generan muchas veces condiciones favorables para la corrupción, sobre todo a nivel policial, uno de los problemas más grandes que sigue afectando a ese cuerpo.

Mientras tanto, el año pasado, cerca de 10.000 militares fueron asignados al patrullaje de la ciudad, con una referencia particular en las favelas, consideradas desde siempre como territorios violentos, en los cuáles se registra la mayor cantidad de homicidios de Río de Janeiro.

Pero los inconvenientes persisten y las autoridades estaduales no han encontrado hasta el momento la forma de resolverlos.

La intención del gobierno estadual era que los militares continuaran en Río hasta que concluya este año. Pero su presencia no solo no ayudó a disminuir los delitos sino que tampoco ayudó a disuadir a los delincuentes.

Nuevo operativo
Así las cosas, este miércoles el despliegue de unos 3.000 militares y policías en la favela Ciudad de Dios, una de las más peligrosas, no sorprendió a nadie, así como tampoco los enfrentamientos con los narcos, la detención de más de 20 personas y la confiscación de armas, drogas y numerosos proyectiles.

La situación comenzó a agravarse particularmente desde comienzos de año, ya que los tiroteos entre la policía y distintas bandas de traficantes fueron moneda corriente.

Mientras centenares de efectivos ingresaban a territorio prohibido, un fuerte dispositivo apuntó a cercar la favela por aire, tierra y mar, informó la Secretaría de Seguridad de Río.

En los últimos días, tanto un menor de 13 años como una niña de tres habían muerto al quedar atrapados en medio de tiroteos.

De todas formas, un día antes, en la zona conocida como Arará, al norte de la ciudad, los militares habían logrado dar un golpe de efecto con la captura de un traficante conocido como Rogério 157, el máximo responsable de las bandas de narcos en Rocinha, la principal favela carioca.

Ese día, el traficante intentó ocultarse, pero tampoco opuso resistencia, aunque eso sí: con cierta sutileza, y sin ofrecer dinero a los uniformados, les dijo que si eran complacientes con él, su vida podría estar resuelta.

En la favela, informó el diario O Globo, el narcotraficante –que pertenecía a la banda Amigos dos Amigos, pero se pasó al poderoso Comando Vermelho– tenía en su casa jacuzzi y una televisión led.

La policía le seguía los pasos–igual que a otros jefes narcos– discretamenete y desde hacía bastante tiempo, al punto tal que en enero había caído su mano derecha, conocido como “Cachorrao”.

LAS CLAVES
Inseguridad. La seguridad es un asunto que no ha tenido solución en Río de Janeiro, pese al refuerzo de efectivos.

Violencia. La violencia tuvo un punto de inflexión a partir de los Juegos Olímpicos de 2016; desde entonces hubo un notorio retroceso.

Narcos. De hecho, los narcos, que habían sido expulsados de las favelas, regresaron aprovechándose de la crisis financiera y las dificultades económicas del estado.

Favela. Ciudad de Dios fue una de las más afectadas.

EN CIFRAS
3.0000

Militares y policías formaron parte de un nuevo operativo en la favela Ciudad de Dios, en el que fueron detenidas 23 personas.

66

Personas murieron en las favelas de Río de Janeiro en enero durante distintos procedimientos en busca de jefes narcos.

10.000

Efectivos militares fueron desplegados en julio para apoyar a la policía y reforzar la seguridad.

13

Muertos hubo solo en la última semana tras tiroteos entre la policía y narcotraficantes.

Fuente: El Observador y agencias