Grandes oportunidades para avanzar en la investigación sanitaria gracias al ‘big data’

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Un científico en un laboratorio. CHARLY TRIBALLEAU/AFP/GETTY IMAGES

La investigación biomédica genera cantidades ingentes de datos que se almacenan en formato electrónico

La atención sanitaria y la investigación biomédica actuales generan cantidades ingentes de datos que se recogen y almacenan en formato electrónico. Así sucede, por ejemplo, con todas las historias clínicas de los pacientes o con las imágenes radiológicas, en los proyectos de secuenciación de genomas o en la literatura científica. Por otra parte, existe una tendencia a reutilizar, integrar y analizar conjuntamente dichos datos (el Big Data biomédico) para obtener nuevo conocimiento sobre las enfermedades en aspectos claves como su epidemiologia, sus comorbilidades o sus mecanismos biológicos.

En este contexto, es importante que exista un marco regulatorio que, por una parte, proteja la privacidad de los datos de los pacientes, pero que, por otra, haga posible dicha reutilización para potenciar el avance de la investigación sanitaria y, por ende, de la salud de los ciudadanos.

Un ejemplo de dicho análisis masivo de información clínica para tener un mejor conocimiento de las enfermedades es el proyecto EMIF (European Medical Information Framework) financiado por la iniciativa europea de medicamentos innovadores (Innovative Medicines Initiative, IMI). Dicho proyecto ha hecho posible el análisis agregado de millones de historiales clínicos de pacientes europeos preservando la privacidad y superando retos como el de las terminologías dispares usadas en las distintas bases de datos.

Por otra parte, el análisis del Big Data biomédico ofrece grandes oportunidades en la investigación farmacéutica, lo que será uno de los ejes de la XI Conferencia Anual de las Plataformas Tecnológicas de Investigación Biomédica, que tendrá lugar en Barcelona los próximos 5 y 6 de marzo. La información acumulada en los proyectos de desarrollo de nuevos medicamentos, tanto exitosos como fallidos, y en el uso de los fármacos una vez llegan al mercado ofrece un gran potencial para mejorar los perfiles de seguridad y eficacia de los tratamientos actuales y futuros. Un ejemplo en este sentido son los proyectos eTOX y eTRANSAFE llevados a cabo a través de IMI y cuya coordinación académica ejerzo al frente de un equipo del Instituto de Investigación del Hospital del Mar (IMIM) y de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Dichos proyectos pretenden mejorar la predicción de la toxicidad y posibles efectos adversos de futuros medicamentos mediante un análisis integrado de la información histórica acumulada en las compañías farmacéuticas, así como información complementaria existente en el dominio público.

El proyecto eTOX ha conseguido que trece compañías farmacéuticas compartan más de ocho millones de observaciones toxicológicas que históricamente habían ido acumulando para unos dos mil compuestos. El proyecto eTRANSAFE pretende ampliar la base de datos creada por eTOX y conectar los datos preclínicos obtenidos en ensayos toxicológicos con información sobre efectos adversos observados en ensayos clínicos o en uso clínico de medicamentos ya comercializados.