Las líneas rojas de Israel y las ambiciones de Irán en Siria

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El gobierno de Netanyahu no está dispuesto a que los iraníes se instalen en territorio sirio

Si es verdad el argumento del académico Avi Shlaim que la historia de Medio Oriente no se puede entender sin considerar la influencia de los poderes externos, entonces no debería extrañar que el armado del nuevo puzzle de la región esté dentro del interés capital de las potencias.

Esta premisa importa en un momento en el que algunos enemigos dejaron de tener motivos de lucha en común y en el que nuevos actores ocuparán el vacío de poder en los territorios que había acorazado el Estado Islámico. La caída del proto estado montado por la organización terrorista en Siria e Irak abre un nuevo capítulo en el que viejas rivalidades afloran con renovada intensidad.

Que el gobierno de Bashar al Asad se haya mantenido en pie gracias a la asistencia rusa y que esa administración tenga vínculos directos con Irán y su brazo armado en Líbano (Hezbolá) es una variable de peso para un región de alta volatilidad.

A la luz de esas consideraciones se puede ponderar el reciente enfrentamiento entre Israel e Irán en territorio sirio, el primero abiertamente declarado tras meses de tensión y el primero también desde que comenzó el conflicto sirio en 2011.

Israel bombardeó el sábado posiciones en Siria, incluidos objetivos que presentó como iraníes, en respuesta a la incursión de un dron iraní en su espacio aéreo que derribó un avión F-16 israelí.
Tras el ataque, el primer ministro, Benjamin Netanyahu, que le habían dado un “duro golpe” a las fuerzas iraníes y sirias, al tiempo que su ministro de Defensa aseguró que según informaciones preliminares la mitad de las capacidades de defensa antiaérea de Siria fueron neutralizadas.

El gobierno israelí no está dispuesto a permitir que el poderío militar iraní se implante en su vecino, con quien mantiene una relación de conflicto desde su independencia. Las autoridades israelíes conocen de primera mano los riesgos que implican tener a Irán en el vecindario.

La permanencia de tropas israelíes en territorio en el sur del Líbano, luego de la primera guerra entre ambos países en 1982, posibilitó que las tropas de elite iraníes entrenaran y financiaran a los milicianos de Hezbolah. La contribución de Irán fue decisiva para que la organización terrorista devenida en agrupación política se convirtiera en el peor temor de las fuerzas de seguridad israelíes.

Ese antecedente ilustra mejor que nada los cuidados que el gobierno israelí cree que debe tener y las líneas rojas que parece haber delineado.

Irán, por su parte, está determinado a sacar ventaja de la oportunidad que el desenlace del conflicto sirio le da en su rivalidad de poder regional con los saudíes e israelíes. Este lunes el régimen del ayatola Alí Jameneí manifestó que seguirá apoyando a su aliado sirio.

“La presencia de Irán en Siria tiene por objeto defender los ejes de resistencia, conforme a los acuerdos entre la República Islámica de Irán y Siria”, dijo el asesor para los asuntos internacionales del líder supremo persa, Alí Akbar Velayati. El jerarca calificó también el derribo del avión israelí como “un hito en la historia de la lucha palestina”.

Siria en tanto, cree haberse impuesto en la guerra civil y se muestra cada vez más determinado a impedir los ataques aéreos israelíes en su país. Israel reconoce que bombardea en Siria para frenar lo que alega son convoyes de armas para Hezbolá.

Hasta el fuego cruzado del sábado, Israel e Irán administraron su rivalidad con un delicado equilibrio que no pasó de acusaciones y amenazas verbales. Pero la situación podría tener consecuencias insalvables en la medida que la tensión se incremente.

Un reporte del Internacional Crisis Group alertó, incluso antes de los bombardeos del sábado, sobre que las actividades de Irán en Siria alimentaban el temor de Israel en cuanto a que la República Islámica estuviese instalando bases en su frontera.

“Una guerra a mayor escala podría resultar de un error de cálculo”, advirtió la organización en un informe publicado el jueves.

En la improbable hipótesis que los hechos recorran esa senda el llamado volverá a tocar la puerta de los grandes poderes que velan por el Medio Oriente. La nueva política exterior estadounidense se pondrá a prueba al igual que el revitalizado rol ruso en la región. (El Observador, AFP y Sputnik)

Cortocircuito entre Trump y Netanyahu
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dijo este lunes que estaba discutiendo desde “hace un tiempo” con Estados Unidos el proyecto de anexar colonias en Cisjordania, según un portavoz de su administración. “Sobre el tema de la aplicación de la soberanía israelí (en las colonias), puedo decirles que desde hace un tiempo hablo con los estadounidenses”, dijo Netanyahu a diputados de su partido, el Likud, según este portavoz.

Sin embargo, la Casa Blanca negó que los gobiernos de Estados Unidos e Israel hubieran discutido planes de anexión. “Reportes de que Estados Unidos ha discutido con Israel un plan de anexión son falsos. Estados Unidos e Israel nunca han discutido semejante propuesta”, dijo a la prensa el vocero Josh Raffel. Por su parte, la Organización para la Liberación de Palestina catalogó el hecho como “un robo organizado” con la “complicidad” de Washington.

El cortocircuito entre los aliados sucede al mismo tiempo que el presidente palestino, Mahmud Abás, se reunió con su par ruso Vladimir Putin en Moscú. El líder palestino se opone a que EEUU sea el único mediador en sus negociaciones con Israel.