Proteccionismo, guerra comercial y una Casa Blanca sin contrapeso

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La política de Trump lo enfrenta con sus aliados y lo deja solo con los que piensan igual a él

En su defensa, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, podrá deslindarse de cualquier cuota de responsabilidad por el desastre sirio, el iraquí o el afgano pues la guerra en esos lugares tiene más que ver con las malas decisiones de sus antecesores que con lo que, por ahora, exhibe su gestión.

Pero lo tendrá algo más complicado cuando quiera explicar cómo fue que su país se enroscó en una guerra comercial con sus socios y rivales, un camino que Washington recorre sin contratiempos y que causa estragos en la propia administración.

La Casa Blanca se parece cada día más a una cámara de eco en la que las voces o perspectivas que difieren no tienen lugar. Trump, de ideas proteccionistas, está en el centro de esa cámara y rodeado de quienes están decididos a fogonear su visión nacionalista.

De esa manera es que se sucede en Washington el éxodo de los disímiles. La última renuncia fue la de Gary Cohn, un banquero liberal que trajo alivio a Wall Street cuando asumió como asesor económico del presidente, pero que se fue con un portazo al proteccionismo al no encontrar su lugar.

Su partida se confirmó el martes poco después de una conferencia de prensa del mandatario durante la cual reiteró sus amenazas de imponer fuertes aranceles a las importaciones de acero (25%) y aluminio (10%), una medida que fue tejida a espaldas del ex número dos del banco de inversión Goldman Sachs.

Uno de los que jugó un papel determinante para convencer tras bambalinas a Trump fue el secretario de Comercio, Wilbur Ross. El jerarca de línea dura dijo al llegar al gobierno que su prioridad era reducir el gigantesco déficit comercial estadounidense. En enero, Ross concluía que la imposición de tasas en estos sectores estratégicos era imperativa y argumentaba una cuestión de seguridad nacional.

Ross juega en complicidad con Peter Navarro, asesor principal del mandatario. Navarro es el principal letristas de Trump contra China en asuntos de comerio (escribió un libro titulado “La muerte por China: cómo América perdió su base industrial”) y es partidario de la imposición de derechos de aduanas a todos los países importadores sin distinción.

El equipo proteccionista se completa con el representante especial de Comercio, Robert Lighthizer, quien renegocia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Canadá y México que Trump quiere modificar en beneficio de las empresas y trabajadores estadounidenses.

Lighthizer también es uno de los principales responsables de que la última conferencia ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC) haya sido un meridiano fracaso.

Contra la tríada conservadora, los esfuerzos de Cohn (en compañía del exconsejero Rob Porter) se fueron diluyendo. Sin embargo, el exasesor liberal pudo lograr su principal objetivo: la aprobación de una reforma fiscal que bajó los impuestos para las empresas en 14 puntos. Con ello les dio la posibilidad de repatriar a tasas favorables sus enormes reservas de dinero guardadas en filiales en el extranjero.

La guerra
Ross, afirmó este miércoles que su país no busca una guerra comercial y que la decisión de aplicar aranceles de importación al acero y el aluminio fue “cuidadosamente analizada”.

“Nosotros no buscamos una guerra comercial”, dijo Ross en una entrevista con la cadena CNBC, para añadir que el gobierno quiere “buenas relaciones” con sus aliados pero desea aumentar su producción de acero.

Pero esa no es el mensaje que están recibiendo sus rivales (Rusia y China) ni sus aliados europeos, quienes además de criticar la medida ya preparan su respuesta.

Whisky bourbon, jugo de naranja o mantequilla de maní. Esa es la lista de productos estadounidenses a los que la Unión Europea impondría aranceles en respuesta a los esbozados por Washington.

“Las guerras comerciales son malas y fáciles de perder”, advirtió desde Luxemburgo el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, urgiendo a los “políticos a ambos lados del Atlántico” a “actuar con responsabilidad”.

La comisaria europea del Comercio, Cecilia Malmström, que presentó este miércoles las medidas que el ejecutivo comunitario está dispuesto a adoptar de confirmarse la voluntad de Estados Unidos, dijo que la decisión “perjudicaría a las relaciones transatlánticas”.

Los europeos exportan cada año a Estados Unidos acero por unos 5.000 millones de euros (6.200 millones de dólares) y aluminio por 1.000 millones. Según la Comisión, las medidas estadounidenses podrían implicar pérdidas por al menos 2.800 millones de euros.

La estrategia de la Comisión Europea pasa por tres tipos de respuesta diferentes: imponer fuertes aranceles a las exportaciones de productos emblemáticos de Estados Unidos, adoptar medidas de salvaguardia y una demanda ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Respecto a la “lista provisional” de productos estadounidenses, que buscaría compensar el perjuicio causado por los aranceles estadounidenses, la comisaria europea indicó que hay “algunos tipos de bourbon (…), así como artículos como la mantequilla de maní, arándanos y jugo de naranja”.

Otros tipos de productos como pantalones vaqueros, algunos tipos de acero, maquillaje, vehículos como motocicletas o yates, pilas, baterías, arroz y maíz, así como puros y cigarrillos, formarían parte de la lista de la UE.

Consultado sobre las medidas de represalia de los europeos, el presidente estadounidense amenazó con imponer “una gran tasa del 25%” sobre los autos europeos. “Créanme, no seguirán haciéndolo durante mucho tiempo”, agregó.