‘Rating’, público en vivo y candidatos menos acartonados: la gran apuesta del segundo debate presidencial de México

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Por primera vez, los ciudadanos podrán hacer preguntas a los candidatos en directo, en un esfuerzo de la autoridad electoral por dejar atrás los formatos rígidos y el estigma del aburrimiento

El show de la democracia mexicana quiere ganar espectadores. El segundo debate presidencial se celebrará este domingo en Tijuana con la misión de superar el récord histórico de televidentes que batió el primer encuentro y con una innovación nunca antes vista en el país: los ciudadanos podrán hacer por primera vez preguntas en vivo a los candidatos. “Este cara a cara será más innovador, más atrevido, diferente de los anteriores”, afirma el analista Carlos Bravo Regidor. Esta es la gran apuesta de la autoridad electoral: pasar del diálogo televisado al producto televisivo y cambiar las reglas para dejar atrás el estigma de los discursos memorizados, de los intercambios perfectamente cronometrados y del aburrimiento de otras elecciones.

El próximo debate tendrá cinco candidatos, dos moderadores y seis preguntas del público. El encuentro, que tendrá como eje temático “México en el mundo”, está dividido en tres bloques de dos segmentos cada uno. Son tres temas principales: comercio exterior, seguridad y derechos humanos. Habrá 42 asistentes ciudadanos: 21 hombres y 21 mujeres en un rango de edad de los 18 a los 65 años o más. Los ciudadanos fueron elegidos a partir de una muestra de 600 tijuanenses que tuvieron que cumplir tres requisitos básicos: estar en la lista nominal de votantes, tener una alta probabilidad de votar y no apoyar a ninguno de los candidatos.

El formato combina las preguntas de los periodistas y lo que en la tradición anglosajona se conoce como town hall y suele traducirse como asamblea comunitaria. Esta práctica es habitual en Estados Unidos y Francia, entre otros países, y está pensada para que las inquietudes de los ciudadanos detonen la discusión entre los candidatos. Los moderadores podrán replantear y dar seguimiento a las preguntas para evitar que los participantes las eludan. Está previsto también que los dos moderadores, Yuriria Sierra y León Krauze, sean menos estrictos y permitan a los participantes concluir sus ideas, incluso si están sobre el tiempo que se les asigna. Krauze, además, será el primer periodista que vive fuera del país que conducirá un debate presidencial.

“En México siempre nos habíamos quejado de que los debates eran muy malos, muy acartonados, muy poco informativos y no parecían producidos para la televisión, eran mala televisión”, señala Bravo Regidor. “La autoridad electoral en México está haciendo un esfuerzo por actualizar nuestra cultura de los debates y por ponernos al día con lo que está pasando en el resto del mundo”, apunta el académico del Centro de Investigación y Docencia Económicas. Es un esfuerzo que ha ocupado durante meses al Instituto Nacional Electoral (INE) y que supuso viajes de los consejeros a los encuentros que sostuvieron Hillary Clinton y Donald Trump en 2016, así como asesorías a partir de las experiencias de Chile, Argentina y Brasil.

“En principio, me parece muy bueno escuchar la voz de los ciudadanos, es algo que en México no hemos sido capaces de hacer o que no se ha hecho como se debería”, comenta Carlos Elizondo Mayer-Serra, académico de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tec de Monterrey. El experimento no está exento de polémica. ¿Será un termómetro auténtico de lo que opinan y quieren saber los votantes? ¿Será imparcial a los ojos de los espectadores y los candidatos? ¿Funcionará? “Lamentablemente, en otros países estos formatos siempre son muy ‘cuidados’, el auditorio está muy bien seleccionado para evitar cualquier problema”, adelanta Genaro Lozano, profesor de la Universidad Iberoamericana. “El INE está tomando un gran riesgo, se los aplaudo, pero habrá que ver si se hace bien”, dice Elizondo, que asegura que esta será una prueba importante de la consolidación democrática del país.

Gran parte de las dudas surgen de la poca confianza que tienen los mexicanos en la autoridad electoral. El INE es cuestionado por la mayoría de los mexicanos y está peor evaluado que los bancos, el Ejército y la Iglesia, según una encuesta de Consulta Mitofsky del año pasado. “El INE ha sido la piñata de la elección, pero hay que reconocer que en los debates está haciendo bien las cosas”, sostiene Bravo Regidor.

“El primer debate presidencial fue visto en México por 11,4 millones de personas mayores de 18 años, un 40% de las personas que tuvieron prendida la televisión anoche en ese horario lo sintonizaron”, anunciaba con orgullo el presidente del INE, Lorenzo Córdova, el pasado 23 de abril. El debate más ambicioso de la elección más grande en la historia de México se celebrará en Baja California, el Estado con más abstencionismo en las últimas seis votaciones nacionales, y tiene como protagonistas a los indecisos. En el fondo se trata de que más gente lo siga por televisión, en un horario que se cambió para no pelear por el rating con la final de la Liga mexicana, pero que tendrá que competir con el estreno del quinto capítulo de la serie de Luis Miguel.