Redadas y detenciones masivas de inmigrantes en Estados Unidos

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Trump abraza la mano dura en inmigración ante el aumento récord de la llegada de indocumentados

Donald Trump está furioso. Prometió que, con él de presidente, fortificaría la “muy peligrosa” frontera entre Estados Unidos y México para frenar la llegada de inmigrantes indocumentados. Pero no lo está logrando. Mayo fue el mes con más arrestos de inmigrantes, tras cruzar ilegalmente la frontera, en los 16 meses de presidencia del republicano. Se ha difuminado el efecto disuasorio en el flujo de indocumentados registrado al inicio del mandato de Trump. El mandatario busca culpables y respuestas. La inmigración es uno de sus principales caballos de batalla y lo que más teme es proyectar debilidad. En medio de este escenario, se han multiplicado en los últimos días casos polémicos de detenciones de indocumentados en EE UU: desde redadas masivas en una empresa hasta el arresto de un inmigrante que fue a repartir una pizza en una base militar.

La policía fronteriza estadounidense detuvo en mayo a 51.912 personas provenientes de México, más del doble de los 19.940 arrestos de mayo de 2017. Por tercer mes consecutivo, la cifra de aprehensiones fronterizas se mantuvo por encima de la barrera de las 50.000 y siguió creciendo. La cifra de mayo, sin embargo, se mantiene por debajo de los 55.442 arrestos en ese mismo mes en 2016 o los 68.804 en 2014, durante el Gobierno del demócrata Barack Obama.

El aumento de la llegada de inmigrantes en los últimos meses ha llevado a Trump a reforzar su doctrina de mano dura. En abril, anunció el despliegue de militares en la frontera. En mayo, el Departamento de Justicia empezó a aplicar una política de “tolerancia cero”: se presentan cargos delictivos a cualquier persona que cruce la frontera, lo que implica detener a adultos y separarlos de sus hijos menores de edad.

Y el pasado martes, se llevó a cabo la mayor redada migratoria contra una empresa durante la presidencia de Trump. La policía de deportaciones arrestó a 114 trabajadores en una compañía de jardinería en Ohio sospechosos de ser inmigrantes indocumentados. Ahora están en un centro de detención mientras se tramita su expulsión del país. Muchos de ellos tienen hijos que estaban en la escuela en el momento de la detención.

El viernes anterior, hubo otro caso polémico. Fue detenido en Nueva York un inmigrante indocumentado tras entregar una pizza, del restaurante en la que trabajaba de repartidor, en una base del Ejército. El personal de seguridad le pidió un carné de identificación a Pablo Villavicencio Calderón, un ecuatoriano de 35 años, y descubrieron en la base de datos policial que tenía una orden de deportación de 2010. Su esposa asegura que podría ser expulsado de EE UU la próxima semana.

Las acciones del Gobierno de Trump tienen un objetivo claramente disuasorio. Asustar a los inmigrantes, que se embarcan en un peligrosísimo y desesperado viaje desde Centroamérica en busca de una mejor vida que les permita huir de la violencia que azota sus países. Y también atemorizar a los indocumentados que ya están en EE UU para que sean conscientes de que cualquiera, aunque no haya cometido un delito violento, puede ser deportado.

Por ahora, sin embargo, la política de miedo no ha rebajado la llegada de indocumentados a la frontera. El Gobierno pide paciencia. “Estas cifras demuestran que pese a que la Administración Trump está restaurando la ley, se requerirá un esfuerzo sostenido y un compromiso continuo de recursos durante muchos años para desmantelar carteles y traficantes”, señaló en un comunicado el portavoz del Departamento de Seguridad Interior, Tyler Houlton. “Nadie espera revertir de la noche a la mañana o en un mes años de inacción política”.

Demonizar la inmigración irregular es un asunto nuclear para Trump. Al anunciar su campaña a la Casa Blanca, en junio de 2015, prometió levantar un muro a lo largo de toda la frontera con México para frenar la llegada de “criminales y violadores” e insistió en que lo pagaría el país vecino. Sin embargo, al llegar a la presidencia, el Congreso apenas le ha concedido financiación para el proyecto. Humillado, Trump ha tratado de dibujar un paisaje apocalíptico en la frontera y encontrar culpables: desde los demócratas hasta México. Las nuevas cifras seguramente acentúen esa estrategia.