Rusia 2018… ¡acá está Uruguay!

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ENVIADO A ASUNCIÓN

“Hay que saltar, hay que saltar, el que no salta no va al Mundial”, cantan los uruguayos en el estadio Defensores del Chaco. Revolean las banderas, saltan, sonríen, mientras los jugadores saludan desde una esquina de la cancha. Uruguay le ganó 2-1 a Paraguay y no solamente es un triunfo histórico (los celestes nunca habían ganado en este estadio por Eliminatorias) sino que consiguió tres puntos que prácticamente depositan a Uruguay en Rusia 2018, su tercer mundial consecutivo.

De la mano de Tabárez, tan criticado después del empate contra Argentina, la selección logró una victoria fantástica. De la mano de Tabárez y la renovación que el entrenador propuso. Porque el martes de noche debutó Federico Valverde y el juvenil surgido en las formativas de Peñarol jugó un partidazo. Y de postre, marcó el primer gol.

Una renovación que también se dio desde el aspecto táctico con la conformación de la oncena. La presencia de Vecino y Valverde en la mitad de la cancha le cambió la cara a la selección uruguaya. No fue un equipo de gesto fiero y patada fácil. Repartió elegancia, buen manejo del balón, cabeza levantada buscando el mejor pase y no un bombazo a dividir como tantas veces. Con ese doble 5 de juego prolijo, la selección se plantó en el Defensores del Chaco y le manejó la pelota al equipo local.

Valverde tuvo un debut como para soñar. Con 19 años, el Pajarito mostró su categoría frente a la rudeza y la experiencia de Víctor Cáceres y Cristian Riveros. Perdió algunas pelotas, cruzó mal al principio, es verdad. Pero tuvo siempre buenas intenciones, colaboró con la recuperación y fue además el artífice de la jugada de gol más clara que tuvo la celeste en el primer tiempo. Maniobró con la pelota y lo puso a Cavani de cara al arco: el remate cruzado del Matador se perdió cerca del segundo palo.

En el segundo tiempo, cuando ya tenía 45 minutos encima con la camiseta celeste, se agigantó. Quitó varias veces tirándose al piso, porque si algo tiene esta selección es solidaridad desde Muslera a Suárez, y es lo que siempre inculcó el Maestro. Después, cuando el partido entraba en la última curva, abrió el marcador con un remate desde afuera del área para silenciar el histórico escenario guaraní.

Vecino se acopló al juego ofensivo después de los 20 minutos de juego y Uruguay se acercó al área, porque también entró a tallar el Cebolla Rodríguez por izquierda mientras tuvo aire. Faltó en los primeros 45 minutos el desborde de Nández, pero sobre todo, careció la selección de una mayor participación de Suárez y Cavani.

El de Barcelona hizo una jugada bárbara por derecha, apilando a tres defensores y pasando al medio (por poco no llegó Nández), pero después le faltó fineza con la pelota. Falló pases, se ofuscó con sus compañeros. El goleador no llegó en buenas condiciones físicas, se recuperó de manera meteórica, pero no le alcanzó para llegar 100% de sus posibilidades a los encuentros contra Argentina y Paraguay.

De todas formas, le alcanzó para hacer la jugada del segundo gol: eludió al arquero tras recibir el pase de Sánchez, se paró, se entreveró y le definió como pudo; la pelota rebotó en el horizontal y en el zaguero paraguayo antes de entrar. Quedó demostrado que, entero o más o menos, es imprescindible en este equipo.

Pero la historia dice que Uruguay tiene que sufrir, siempre sufrir. Y el segundo tiempo fue un dolor de cabeza. Paraguay se fue encima y los celestes hicieron agua por los costados. Porque ni Maxi Pereira ni Cáceres anduvieron bien. Son los puntos débiles del equipo, el tiempo pasa y la inactividad hace mella. Pero apareció el capitán, Diego Godín. Su figura fue inmensa. Ya desde los primeros minutos fue el mejor, quitando por él y sus compañeros.

En el cierre del partido, cuando el local descontó y se fue encima de Muslera, más por la fuerza espiritual de sus hinchas que por juego, Godín se vistió de héroe charrúa sacando pelotas increíbles en el último suspiro, para redondear una noche inolvidable.