Sarah, la niña siria que sobrevivió a una tormenta de nieve

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Casi toda su familia murió cuando intentaban cruzar la frontera hacia Líbano

Hace aproximadamente un mes en la frontera entre Siria y Líbano, un grupo de 70 refugiados que intentaban escapar de la guerra que azota a Siria desde 2011, atravesaron una tormenta de nieve.

Quince personas murieron congeladas. Los refugiados se ahogan tratando de llegar a Europa y regularmente reciben disparos en la frontera turca, pero esta fue la primera instancia conocida de un grupo que murió de frío, según la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados y las autoridades libanesas.

Los sobrevivientes fueron llevados a un hospital y dados de alta el mismo día. Sin embargo, una niña pequeña, que se estima tendría tres años, se encontraba en estado crítico, sin hablar, con la mitad de su cara con cicatrices negras de las quemaduras provocadas por el hielo. Los doctores se preocuparon de que ella muriera. Lo que más llamó la atención, es que nadie estaba con ella, ningún pariente había ido a reclamarla y no se conocía su identidad.

Una crónica de The Washington Post narra la historia de Sarah, la pequeña que sobrevivió a la tormenta en brazos de su tío, quien viajó junto a más de una docena de miembros de su familia. De ellos, solo la niña sobrevivió. Su madre, su hermana de cinco años, su abuela, su tia y otros miembros murieron.

Durante dos días estuvo en coma. En el tercer día, comenzó a mostrar signos de mejora y en el cuarto día, habló por primera vez. “Quiero ir con mamá”, dijo con voz débil, según se relata en el artículo.

“Es un milagro que ella todavía esté viva. Es una niña fuerte y sus órganos se han recuperado bien”, dijo uno de los médicos a The Washington Post, y agregó que necesitará muchas cirugías plásticas para llevar una vida normal.

Al quinto día de estar internada, apareció su padre. Viviendo en Líbano, había descubierto el destino de los miembros de su familia desaparecidos cuando vio algunas fotos en Facebook.

Una de las mujeres encontradas acurrucada en un arbusto era su esposa. La niña en sus brazos era su hija de 5 años, Heba. Buscó en las morgues hasta que las encontró y las llevó a enterrar en Trípoli. Solo más tarde descubrió que había una niña no reclamada en el hospital, su otro hija.

Mishaan al Abed, el padre de Sarah, sólo había visto a la niña una vez, porque vivía en el Líbano mientras su familia permanecía en Siria. Le enviaba dinero a su esposa e hijos, quienes permanecieron en las afuera de la ciudad de Abu Kamal, en la frontera sirio-iraquí. “Ella no me conoce, y yo no la conozco”, dijo al Abed sobre su hija, mientras la abrazaba y alimentaba.