Se van Rogelio Guerra y María Rubio… y con ellos una era de las telenovelas

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Los actores Rogelio Guerra y María Rubio. Fotos: Especial

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Hubo una época en que Televisa vendió a más de 40 países la telenovela Los ricos también lloran, protagonizada por Rogelio Guerra y Verónica Castro. O que el país se paralizó en 1986 con el final de la telenovela Cuna de lobos, escrita y dirigida por Carlos Olmos, y protagonizada por María Rubio, la famosa villana del parche en el ojo llamada Catalina Creel.

En dos días, Rogelio Guerra y María Rubio fallecieron. Con sus muertes, ambos actores recordaron el final de una era de las telenovelas mexicanas de Televisa, pero también la injusticia de la empresa para con los protagonistas de sus historias más exitosas.

Rogelio Guerra falleció a los 81 años, tras enfrentar un derrame cerebral que lo dejó postrado desde 2015. Televisa nunca apoyó a su familia. Tampoco TV Azteca, empresa con la que grabó la exitosa telenovela Nada Personal, en 1996.

María Rubio fue la gran villana de los melodramas televisivos que acabó robándose la pantalla. Fue la mala en Doña Macabra, El Derecho de Nacer, Imperio de Cristal, Amada Enemiga, pero el papel que la encumbró en el imaginario colectivo fue Catalina Creel, de Cuna de Lobos.

En los anales de la historia de la telenovela mexicana quedará esta leyenda como la primera que rompió el récord de rating: la Ciudad de México se paralizó el último día de su transmisión. Superó los 40 puntos de rating, y al día siguiente se vieron letreros que decían: “Vota por Catalina Creel para presidente”.

Guerra y Rubio fueron los protagonistas de dos de las novelas más importantes en la historia de Televisa: Los ricos también lloran y Cuna de lobos. Esos éxitos ya no se han vuelto a repetir, a pesar de los múltiples refritos e intentos de reedición.

Ambos se fueron alejados de la empresa de El Tigre Azcárraga. Ahora ni Verónica Castro trabaja para lo que fue “El Canal de las Estrellas”, que hace tiempo perdió la gracia del rating y la creatividad del melodrama.