Su negocio produce más de $5 millones al año, pero ICE le dio 90 días para que se regrese a México

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Gualterio Santos empezó vendiendo flores en las calles y ahora es un exitoso empresario que emplea a más de 20 personas, paga impuestos y considera este su país. Sin embargo, su futuro está en riesgo porque se enteró de que tenía una orden de deportación en su contra 17 años después de que reingresó ilegalmente a Estados Unidos desde Canadá.

LOS ÁNGELES, California.– Gualterio Santos es el ejemplo perfecto del mexicano que alcanzó el ‘sueño americano’: de ser vendedor ambulante en sus primeros años en Estados Unidos ahora es dueño de un pujante negocio que distribuye flores a más de 150 supermercados en tres estados y factura más de 5 millones de dólares al año. Con eso ya ha pagado por completo las hipotecas de sus cuatro viviendas.

Pero ese éxito empresarial no le ha quitado el anzuelo del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE), que desde el 19 de octubre trata de ejecutar una orden de deportación que pesa en su contra. De acuerdo con su testimonio, antes de salir de un centro de detención para migrantes el pasado 23 de octubre, un supervisor de la agencia le advirtió que solo tenía un plazo de 90 días para deshacerse de sus bienes aquí y regresar voluntariamente a su país.

“Me dijo: ‘No por mucho tiempo te vas a quedar en Estados Unidos, te vamos a dar la oportunidad de que vendas tus cosas y hagas todo lo que tengas que hacer y te vas a México. No te queremos ver aquí”, relató Santos en una entrevista con Univision Noticias.

“Estoy destrozado, no sé qué hacer. Me dicen que me dé a la fuga, que me meta a una iglesia, que venda todo y que me salga del país”, describe las opciones que le dieron los abogados que ha consultado.

Santos es oaxaqueño, tiene 47 años y siete hijos, todos nacidos en este país. Él emigró a EEUU en 1991. Sus problemas migratorios comenzaron en el año 2000, cuando compró un auto en Chicago, Illinois, y se lo llevó a un pariente a Nueva York. Sin un mapa del trayecto se extravió y sin darse cuenta cruzó la frontera entre Michigan y Canadá. Dice que los oficiales aduanales le permitieron reingresar a EEUU, pero le advirtieron que se tendría que presentar en una corte migratoria en Detroit.

Diecisiete años después se enteró que por no acudir al tribunal un juez ordenó su expulsión del país. “Los oficiales me hicieron firmar unos papeles. No le tomé importancia. Llevé el coche a Nueva York y a las dos semanas me vine a California. Si me llegó algún documento, llegó a la dirección de Chicago. Cuando giraron la orden de deportación yo ya estaba en Santa Ana”, asegura Santos.

Antes de enterarse del tremendo lío en el que se había metido, Santos fue construyendo prácticamente de la nada una empresa que hoy en día le da empleo a más de 20 empleados y ya distribuye en tres estados. Comenzó vendiendo flores en una acera de Santa Ana hasta que abrió su primer negocio ‘Santo’s Flowers’ en esa ciudad y este fue prosperando. Pronto abrió otro local en Las Vegas (Nevada) y una bodega en San José (California). Ahora su producto –importado de Ecuador y México– se vende en más de 150 supermercados.

Sus flores también le permitieron pagar completamente las hipotecas de cuatro viviendas, dos en Santa Ana y dos en Las Vegas. “Empecé desde abajo”, dice Santos, quien sin presunción revela las ganancias de su compañía. “Cada año se facturan más de 5 millones de dólares que pasan por el banco”.

Su única preocupación eran su familia y su negocio hasta que decidió regularizar su situación migratoria porque sabía que era un pendiente. Contrató a un abogado, pero este jamás verificó sus antecedentes. Por esta falla, supo que había una orden de deportación en su contra hasta que se lo notificó en agosto de 2017 el juez que revisó su caso.

“De haber sabido de ese problema no habría metido papeles”, lamenta este mexicano. “Nunca me llegó esa orden de deportación”, afirmó.

Para evitar su expulsión inmediata, él tuvo que acudir a citas periódicas con oficiales migratorios en Santa Ana. Creía que cumpliendo con esos trámites lograría limpiar su récord migratorio. Se equivocó: “A la cuarta vez que fui me arrestaron”.

Era el 19 de octubre. Esa misma tarde lo llevaron hasta la frontera, pero allá lo bajaron de la camioneta en la que iban varios indocumentados. “Un oficial me dijo: ‘te tengo una sorpresa: te vamos a regresar a Los Ángeles’. Me alegré porque pensé que la pesadilla había terminado. Pensé que me iban a soltar”.

Sin embargo, Santos continuó detenido en una cárcel del condado de Orange hasta el 23 de octubre, cuando estuvo a punto de ser llevado nuevamente a Tijuana (México). Él cree que logró quedarse en este país por la intercesión de un congresista que conoce. Antes de liberarlo fue cuando le advirtieron que solo le daban un tiempo para hacer los arreglos necesarios y después autodeportarse.

“Que me perdonen por mi ignorancia”
“Quiero salir de esto, quiero que se termine, quiero vivir la vida de antes, cuando no había nada en mi cabeza, que estuviera pensando que en cualquier momento pueden venir por mi esposo”, expresó entre lágrimas la esposa de Santos, Sebastiana Morales, en una entrevista con Univision 34.

“A veces siento que ya no tengo fuerzas para seguir. Quiero que nos ayuden, por favor”, suplico ella.

Este domingo, activistas de Santa Ana planean realizar un evento apoyando a este migrante.

A Santos no solo le preocupa su familia, sino las de sus más de 20 empleados. “Si se cierran mis negocios ellos quedarían sin trabajo”, lamentó. Es por eso que pide que le den una oportunidad para quedarse en EEUU: “Que me perdonen por mi ignorancia, por no entender los papeles que firmé (al reingresar al país). No es justo que me echen, yo estoy aportando a este gran país para que siga creciendo”.

Sin embargo, al ser consultado sobre este caso, ICE respondió confirmando la orden de deportación que pesa sobre Santos desde el año 2000 y advirtió que “ICE no exime clases o categorías de extranjeros deportables”, recordando que todos los que hayan violado las leyes de inmigración están sujetos a un arresto, detención y posible expulsión del país si un juez así lo ordena.