Surface Pro frente al iPad Pro: dos caminos distintos para un mismo fin

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Microsoft y Apple aspiran a superar la frontera de la informática tradicional con sus propuestas que intentan reemplazar los ordenadores portátiles, pero todavía es un género de más futuro que presente

El escenario es claro: la era de la movilidad está más que asentada. El reto, igual de lógico: trasladar esa experiencia al mundo de la informática. Microsoft y Apple han exhibido su capacidad de allanar el camino de la evolución de teléfonos móviles inteligentes y tabletas hacia un nuevo entorno en donde los portátiles y los ordenadores convencionales han dejado de ser imprescindibles.

Ojo, con algunas diferencias sobre sus planteamientos. Mientras desde el gigante de Redmond apuntan a un concepto híbrido, la firma de la manzana considera necesario enriquecer y mejorar las capacidades de las tabletas. Un formato que ha evolucionado muy poco desde que comenzaran a comercializarse hace menos de siete años. De hecho, en sus primeros años se produjo una vorágine por hacerse con estos dispositivos móviles que en un principio se «vendían» como los sustitutos de los portátiles. Pero la falta de renovación y de mejora de sus prestaciones, algo limitadas para tareas productivas, han acabado por reducir su interés.

El esfuerzo se centra, ahora, en llevar la experiencia a un mundo táctil y multitarea en donde las altas prestaciones y el rendimiento sean la base sobre los que se sostengan el nuevo reto: convencer a los usuarios que ya no necesitan un ordenador para trabajar. Puede lograrse, aunque para muchos usuarios el iPad, por ejemplo, pese a la llegada del iPad Pro, sigue siendo un móvil de pantalla grande.

Esa visión es la que quiere cambiar Apple con la llegada de la próxima versión de su sistema operativo móvil, iOS 11, que por primera vez ha puesto el foco en las tabletas que en los móviles. Convencer a los usuarios que su tableta es tan potente y no solo va a sacarle de un avío sino que contiene numerosas funciones útiles y comparables a las de un ordenador convencional. Es por la percepción del pasado. Mucho ha cambiado el iPad desde 2010 pero, para muchos consumidores, seguirá siendo un iPhone grande.

Nos podemos encontrar potentes prestaciones para iPad que mejoran la multitarea, aportan un nuevo espacio «dock» personalizable, que agiliza tareas y mejora la comunicación entre distintas aplicaciones, la llegada (por fin) de «Archivos» para una gestión eficiente de los ficheros y, por supuesto, una mayor integración con el Apple Pencil. Gracias a su sistema de tres pines de conexión permite utilizar teclados inalámbricos fácilmente. Gana enteros en trabajos de ofimática y anotaciones. En iOS 11 -que estará disponible de manera oficial en otoño- los iPads que lo tengan instalado podrán ejecutar un flujo de trabajo de una manera más eficiente. Aunque no puede gestionarlo a través de varias ventanas abiertas al mismo tiempo de la misma forma que Windows, sí se han dado pasos importantes en este aspecto.

Son algunos ejemplos que están ahí para brindarle la oportunidad al usuario de trabajar sobre una tableta. ¿Es suficiente? Por supuesto, más de uno echará en falta aplicaciones de diseño con más herramientas, las versiones digamos «completas» comparadas con las de escritorio Windows. Y precisamente de Windows va la película con Surface Pro. Microsoft ha acertado profundamente con este formato. Desde que hace cinco años lo pusiera a la venta le han salido muchos competidores. Con el tiempo, y depurando algunos errores en cada generación, la firma americana ha logrado un producto excepcional que rinde perfectamente en varios tipos de tareas. Y, además, en su última versión, el modelo con procesadores i5 es tremendamente silencioso.

Ambos ecosistemas representan dos planteamientos distintos, pero con un enfoque similar. El ecosistema convencional, el de escritorio de ordenadores, tiene un entorno más afable y familar por parte de sus usuarios. A su favor, soporta todo tipo de aplicaciones (en Flash, Java…), pero también es cierto que sí resulta más pesado de arrancar, consume más recursos y compatible con los programas informáticos más utilizados. Suele ofrecer buenas prestaciones, independientemente del equipo sobre el que se mueva.

En el caso de un sistema operativo móvil, la cosa cambian. Aunque estos han mejorado profundamente en los últimos años, siguen ofreciendo capacidades bastante más limitadas, pero a su favor es que son tremendamente eficientes y rápidos en su manejo, pocos «cuelgues». No obsante, si se trabaja con ellos se echa en falta que algunas de las aplicaciones de productividad ofrezcan sus versiones completas en comparación con las de escritorio. Sin embargo, para diversas tareas muchos usuarios son conscientes que se puede trabajar con una tableta por ejemplo.

La industria ha virado hacia un concepto híbrido y transversal en donde se busque el equilibrio. La idea es traer lo mejor de cada mundo. Un aspecto diferencial entre ambos dispositivos es la distribución y estrategia con los puertos y conexiones. Mientras Surface Pro dispone de un puerto USB, toma de auriculares, MiniDisplayPort para monitores y dispone de lector de tarjetas microSD, Apple ha continuado con su idea en el iPad Pro, con adaptadores y «dongles», lo que resulta más engorroso.