Vivimos más, pero no siempre mejor

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Una detallada fotografía de la salud global. Ésa es la impronta que, a través de seis pormenorizados artículos, ofrece la última entrega de la revista médica ‘The Lancet’. El compendio repasa las principales causas de muerte, enfermedad, discapacidad o amenazas para la salud en 195 países. Y plasma cómo han cambiado las cosas entre 1990 y 2015.

Uno de los datos más llamativos que se desprenden del informe es que la esperanza de vida ha aumentado más de una década (10,1) en estos 25 años, alcanzando los 69 años en varones y 74,8 años en mujeres y siguiendo una tendencia al alza marcada desde 1980. El cambio se debe en gran medida, según señala la revista, al descenso de la mortalidad asociada a enfermedades como el VIH y la malaria experimentada en los últimos 10 años.

Vivimos más, muestran los análisis. Sin embargo, ese aumento en la esperanza de vida no ha ido acompañado en la misma medida por una mejora en la calidad de vida. El número de años que las personas viven sin enfermedad ha aumentado en 6,1 años en 191 de los 195 países analizados, lo que significa que muchas de ellas viven más años pero con enfermedades o discapacidad. “Es la paradoja de nuestra era”, señala Kevin Watkins, responsable de la ONG Save the Children, en un comentario que acompaña al análisis. “Los indicadores de salud han mejorado de forma global”, pero también “hay más gente que pasa más tiempo con una pérdida funcional de salud”.

En términos globales, los datos muestran que las causas de enfermedad han cambiado en estos años. Las enfermedades transmisibles (como el VIH), las derivadas de la malnutrición y los trastornos materno-neonatales están dando paso, en gran parte del mundo, a las alteraciones no transmisibles (enfermedades cardiovasculares, cáncer, trastornos neurodegenerativos) como principales amenazas para la salud. La combinación de desarrollo económico y envejecimiento de la salud global, señala la revista médica en un editorial, ha ayudado a frenar algunos problemas, como la desnutrición infantil, pero está dando alas a otros problemas, como la inactividad física o el sobrepeso. Y ese cambio, que también se refleja en un mayor número de personas que viven con las secuelas de una enfermedad, coincide Srinath Reddy, al frente de la Fundación Salud Pública de la India, en otro comentario adjunto al trabajo, “supone un desafío” con el que los sistemas de salud de todo el mundo tendrán que lidiar.

Según los datos del trabajo, en 2015 el 70% de las muertes ocurridas en el planeta (unos 56 millones en total) se debió a enfermedades no transmisibles, como infartos, ictus, diabetes o enfermedad renal crónica, y los principales factores de riesgo para enfermar fueron la hipertensión, el tabaquismo o presentar altos niveles de azúcar en sangre -factores todos ellos relacionados con el desarrollo-. Pero esto no significa que la lucha contra las enfermedades infecciosas o las asociadas a la maternidad, entre otras, haya sido un completo éxito en estos años. En 2015, por ejemplo, el VIH provocó 1,2 millones de muertes (en 2005 la cifra fue de 1,8 millones) y la infección sigue figurando entre las cinco principales causas de muerte en 38 países.

En cuanto a la mortalidad materna, las cifras se han reducido en torno a un tercio desde 1990. Hace 25 años, 289 de cada 100.000 partos acababan en fallecimiento, pero aun así, en 2015, más de 275.000 mujeres murieron durante el embarazo o al dar a luz por causas prevenibles en la gran mayoría de los casos. La brecha entre ricos y pobres sigue siendo muy patente en este caso particular.

Con respecto a la mortalidad infantil, el número de niños que mueren antes de los cinco años es hoy la mitad del que reflejaban las cifras de 1990 (de 12,1 millones se ha pasado a 5,8 millones de muertes). Los avances se han producido especialmente desde 2000, principalmente debido a la acción llevada a cabo contra la malaria, la diarrea y el sarampión. Pero en varios países del África subsahariana, las cifras de mortalidad infantil siguen siendo muy elevadas. Además, el texto también constata que las muertes en el primer mes de vida están disminuyendo de una forma mucho más lenta que el resto y, de hecho, suponen casi la mitad de todas las muertes registradas en menores de cinco años.

Otro de los aspectos que destaca el informe es “el coste humano” de guerras y conflictos. Según sus datos, en 2011 las muertes ocasionadas por este tipo de violencia crecieron “de forma masiva” debido a los conflictos en Siria, Yemen y Libia. En Siria, por ejemplo, la esperanza de vida en varones fue en 2015 12 años menor que la registrada en 2010.

El informe, concluye un editorial en la revista médica, ofrece “una ventana” a través de la que mirar y analizar “los desafíos más acuciantes” y “los logros alcanzados más encomiables” para transformar la salud y el bienestar. Dados los retos pendientes, remarcan, en la mano de quienes toman las decisiones políticas está tener los datos e investigar cuál es su relación con factores como la educación, la justicia o el acceso a medidas básicas sanitarias, que también tienen un “profundo impacto en la salud”.