¿Cómo la tribu que mató a flechazos a un misionero estadounidense ha logrado vivir 55,000 años aislada?

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Para algunos expertos lo que hizo la tribu de los centinelas no es diferente de lo que haría cualquier ciudadano si un extraño intentara entrar a la fuerza a su jardín, con el agravante de que si los aborígenes dejaran seguir a esos extraños la supervivencia de toda la tribu estaría en peligro.

La tribu de los centinelas, esos aborígenes tan nombrados hoy en los medios por haber matado con flechas al misionero evangélico John A. Chau, han vivido 55,000 años por su cuenta, aislados completamente de las formas que el mundo fue adoptando por fuera de la isla North Sentinel, -un territorio del tamaño más o menos de Manhattan, ubicado en aguas de India-.

Su lenguaje es desconocido, incomprensible incluso para sus vecinos, no sabemos de dónde vienen, ni siquiera cómo se llaman así mismos. Con seguridad no es ‘centinelas’, una palabra con la que los han bautizado arbitrariamente sus inquietos testigos que, por siglos, se han intrigado por las maneras cómo vive y subsiste una de las 100 tribus que aún se mantiene en completo aislamiento del mundo.

Sobrevivieron a los devastadores intentos de colonización británica que en menos de 70 años (de 1858 a 1930) redujeron a 460 las 5,000 tribus aborígenes que vivían en el amplio territorio de la Bahía de Bengala.

Sobrevivieron por sus flechas, sí, esas mismas que recientemente usaron para matar al misionero estadounidense que intentó ilegalmente quebrantar su aislamiento por su afán de evangelizarlos con su fe.

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Las mismas flechas que fueron disparadas a las piernas de los documentalistas de National Geographic que en 1974 intentaron acercarse a sus costas. O las que pusieron en aprietos, en 1981, a los 28 tripulantes del barco carguero Primrose que encayó en un arrecife de coral en la Bahía de Bengala y que de no ser por los fuertes vientos habrían sucumbido ante los ataques de los aborígenes.

Sus acérrimos mecanismos de protección han quedado inmortalizados en textos históricos en los que se narra cómo pescadores perdidos, comerciantes ambiciosos o náufragos que se acercaban a sus tierras aparecían flotando, inertes, siempre atravesados por su rústica arma letal.

El mapa de su territorio

Los centinelas han sobrevivido a través de los siglos también gracias al extraordinario conocimiento de su territorio, imposible de sortear por los humanos que no han habitado la isla.

“Cuando, a fines del siglo XIX, el oficial británico Maurice Vidal Portman desembarcó en North Sentinel con un gran equipo con la esperanza de ponerse en contacto con los centinelas, ellos escaparon al bosque y nadie pudo encontrarlos. Los aborígenes habían desaparecido a tal punto que los exploradores decían que no se podía reclamar “que hubiera un alma viva en la isla””, le dijo a Univision Noticias Fiore Longo, investigadora de Survival International, la única entidad que existe en el mundo cuyo propósito es proteger estas tribus aisladas y desconocidas que viven en lugares remotos de North Sentinel, en Brasil o en El Congo.

Los centinelas, sin embargo, han sobrevivido por sobre todo por su decisión de no entrar en contacto con el mundo que se ha erigido por fuera de su tribu. Su propio aislamiento ha sido su salvación.

“Lejos de lo que podamos sospechar, si una persona aparentemente sana, como se veía el joven misionero John A Chau, entra en contacto con la tribu de los centinelas podría representar su extinción”, le explicó a Univision el médico Stafford Lightman, profesor de la Universidad de Bristol y un experto en las tribus aisladas del mundo.

“Todos llevamos todo tipo de agentes potencialmente infecciosos a los que somos inmunes. Las personas aisladas simplemente no han estado en contacto con estos virus o bacterias y son susceptibles a infecciones mortales por cosas que son totalmente inocuas para nosotros. No es que sean genéticamente diferentes, simplemente, para las personas tribales que nunca han tenido contacto con otros diferente a los de su tribu, cualquier infección es múltiples veces peor”.

Los centinelas tienen miedo
El temor que puede sentir la tribu de los centinelas por cualquier persona que se acerca a sus tierras no es infundada.

Según cuenta el historiador Adam Goodheart, el explorador británico Maurice Vidal Portman, después de estar días en la isla que parecía deshabitada, por fin encontró a una pareja de ancianos y a dos niños de la tribu que se llevó por la fuerza en su nave hasta Port Blair para estudiarlos en detalle. Los dos ancianos murieron en cuestión de horas y los niños fueron devueltos a la isla con regalos, sin saber si el hecho de que hubieran entrado en contacto con los ingleses hubiera podido esparcir enfermedades entre los miembros de la tribu.

Por eso, aunque muchos en el mundo reclamen que este caso del misionero John A. Chau debería ser visto y juzgado como un asesinato deliberado y, a pesar de que muchos otros usan episodios como este para levantar críticas sobre la protección de estas comunidades aisladas y la necesidad de adentrarlas a las reglas sociales, hay expertos que ven este gesto de defensa comparable a lo que haría cualquier estadounidense si una persona extraña entrara al jardín de su casa.

Anvita Abbi, profesora de lingüística con un profundo conocimiento en la isla de North Sentinel, le dijo al The New York Times que lo que los isleños hacen no es diferente de las leyes de ‘Stand Your Ground’ en EEUU que permiten a las personas disparar a los intrusos. “Estas personas nos han estado diciendo claramente que, por favor, no nos acerquemos a ellos, que no quieren conocernos. Y, sin embargo, seguimos irrumpiendo en sus áreas, molestándolos”.

Es por eso, -por ese intento de quebrantar su defendido aislamiento-, que el acto del misionero evangelista, quien desde joven se obsesionó con poder penetrar las entrañas de esta cultura aborigen, ha despertado un tremendo debate mundial, al punto que incluso los organismos internacionales han desestimado cualquier nuevo intento de recuperación de su cadáver.

“Creemos que esta tragedia nunca debió haberse permitido. Las autoridades indias tenían que haber hecho cumplir las leyes de protección de los centinelas y de su isla por la seguridad de la tribu y, claro, por la seguridad de los forasteros. En cambio, hace unos meses, las autoridades eliminaron una de las restricciones que había estado protegiendo a la isla de turistas extranjeros, lo que envió exactamente el mensaje equivocado y que pudo haber contribuido a este terrible evento. Los centinelas han demostrado una y otra vez que quieren que los dejen solos y ese deseo debería respetarse”, concluyó Fiore Longo, investigadora de Survival International.

El acto del misionero John A. Chau y su consecuente muerte reviven las luchas de organizaciones y académicos que claman por el valor de que la humanidad proteja a estas tribus y su diversidad. Pero, sobre todo, lanzan una pregunta que parece estar en la base de la sociedad misma y sus ideas de progreso: ¿Por qué querer sistemáticamente contactar a una tribu que se ve saludable, contenta, que parece cuidar su tierra y sus recursos y que por 550 siglos ha podido sobrevivir a su manera, sin diabetes, ni infecciones, sin dinero, ni pólvora?