El elogio de Messi a van Dijk

0
420

Pese a llevarse tres goles en contra, Virgil van Dijk nos dejó otra actuación portentosa, confirmando que come en la mesa de los más grandes centrales del mundo

A Virgil van Dijk se le notan las virtudes hasta en los andares, como a esos grandes mitos del celuloide que ni siquiera necesitan de un buen texto para brillar. Viéndolo jugar, uno tiene la sensación de estar redescubriendo a Marlon Brando al visionar El Padrino por primera vez, reconociendo en él todas las virtudes anteriormente demostradas pero con algo nuevo, algo diferente, algo que lo empuja un paso más allá de lo que nuestro cerebro parece dispuesto a admitir. “Era increíble verlo trabajar, descubrir cómo todo aquello que habías estudiado se manifestaba ante tus ojos”, dijo James Caan sobre su padre ficticio en una ocasión. Algo similar deben pensar todos los compañeros de profesión que han votado al holandés como el mejor futbolista del año en la Premier League.

Porque Virgil van Dijk no es el mejor futbolista de la liga inglesa pero lo parece. O quizás sí lo sea y simplemente se limita a demostrarlo, sin importarle la trascendencia del partido o el tamaño del escenario. A sus virtudes de ciborg hay que sumar las tres cualidades que hacían de Brando el perfecto Vito Corleone, al menos en palabras del propio Scorsese: “sabiduría, buen juicio y amor por la familia”. No son cuestiones menores en un deporte donde abundan la ignorancia, la insensatez y un egocentrismo desmedido por el que cualquier aprendiz de figura siente que el mundo está eternamente en deuda con él: donde otros pretenden demostrar el movimiento hablando, van Dijk no deja nunca de andar, de avanzar.

Este Liverpool explosivo de Klopp –que llegó a Barcelona afirmando que el Camp Nou no era un templo y se marchó asombrado de que fuera Dios a verlo- ha encontrado en la espalda del central oranje los cimientos necesarios para construir un imperio. Natural de Breda, cuesta imaginarlo rindiendo la ciudad como Justino de Nassau en el famoso cuadro de Velázquez, pero para imposibles está Messi en el mundo. No le quedó más remedio a van Dijk que agachar la cabeza tras la enésima obra arte del argentino, una falta tan lejana que debió sentirse provocado. Hasta ese momento preciso del partido estaba haciendo Messi lo que solo concede a los defensas de verdadera talla: topárselo en el uno contra uno y respetarlo, buscar otras vías, atraerlo para alejarlo. Pocas veces recibirá van Dijk un elogio tan mayúsculo como el que le escribió Leo ayer durante el partido.

De Brando se dice que alcanzó tal punto de excelencia en su interpretación de Don Vito que un día apareció un gato por el set de rodaje y el de Omaha se lo echó al regazo para redondear una escena que ya es historia del cine. Lo mismo podríamos decir de Virgil van Dijk, que pese a llevarse tres goles en contra nos dejó una actuación portentosa –otra más- confirmando que hoy por hoy come en la mesa de los más grandes centrales del mundo. Pensará el holandés que, por fortuna, no se coló este miércoles ningún gato ayer en el Camp Nou o Messi lo hubiese colado por la escuadra. No fue personal, solo negocios.