El Gobierno de Trump impone sus mayores sanciones a Rusia por la injerencia electoral y ciberataques

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Putin y Trump, durante su reunión en julio en Alemania EVAN VUCCI AP

Washington penaliza a 19 ciudadanos y cinco organizaciones, incluidos los acusados por el fiscal especial de la trama rusa

En plena tensión internacional con el Kremlin, Estados Unidos tomó la delantera y lanzó su golpe más directo. El Departamento del Tesoro anunció la imposición de sanciones a 19 ciudadanos y 5 empresas rusas por su participación en la fabricación y diseminación de fake news (bulos) durante la campaña electoral de 2016. El castigo a la injerencia, el mayor varapalo propinado hasta la fecha por Donald Trump a Moscú, ahonda a tres días de las elecciones presidenciales rusas, la brecha internacional frente a Vladímir Putin.

El aviso del contragolpe estadounidense estaba dado. Hace casi un mes, el fiscal especial de la trama rusa, Robert Mueller, destapó la fábrica de las fake news y acusó a 13 ciudadanos y tres empresas rusas de haber construido un gigantesco operativo, bautizado como Proyecto Latkha, destinado a interferir en los comicios mediante la intoxicación en redes sociales y el activismo de base. Era la prueba más palpable hasta la fecha de la injerencia rusa y de su capacidad para actuar por encima de las leyes foráneas.

Un caso que ahora se ha repetido con el envenenamiento con gas nervioso el pasado 4 de marzo en la localidad inglesa de Salisbury del exespía ruso Serguéi Skripal y su hija. Ataque que EEUU, Francia, Reino Unido y Alemania han considerado en un comunicado conjunto “la primera utilización ofensiva de un agente nervioso en Europa desde la Segunda Guerra Mundial” y “un asalto a la soberanía británica” que “amenaza la seguridad de todos”.

En este horizonte de Guerra Fría, Estados Unidos eligió el momento para lanzar un obús que venía preparándose desde hacía días. La portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, y la embajadora ante la ONU, Nikki Haley, ya habían advertido de que se estaba gestando una respuesta. Y esta llegó de la mano del caso que más ha irritado a la opinión pública estadounidense y que se ha convertido en el antecedente más claro de otras injerencias rusas en Occidente.

Las penalizaciones suponen el bloqueo de las propiedades de esos individuos en EE UU y su prohibición de operar en el sistema financiero estadounidense y hacer negocios con ciudadanos norteamericanos. Algunas de las organizaciones sancionadas, como los servicios de espionaje ruso y de inteligencia militar, ya son objeto de represalias estadounidenses por las intromisiones rusas en Ucrania.

Los servicios de inteligencia norteamericanos acusan a Rusia de llevar a cabo, en la antesala de las elecciones presidenciales de 2016, una sofisticada estrategia, mediante el robo de documentos y la difusión de propaganda, para atizar divisiones entre estadounidenses y ayudar a Trump a ganar los comicios. La injerencia supone un profundo golpe al orgullo democrático de EE UU, pero Trump solo ha reconocido en ocasiones puntuales y siempre sembrando dudas la autoría rusa. También dijo creer la negación de Putin sobre la responsabilidad de Moscú hasta que rectificó tras el estupor de sus servicios de inteligencia. El republicano ha negado que su equipo electoral se coordinara con los piratas rusos, pero las sospechas de cercanía a Moscú le han perseguido en su primer año en la Casa Blanca y han puesto en apuros a varios de sus asesores.

“La Administración está confrontando y contrarrestando las ciberactividades malignas de Rusia, incluidos sus intentos de interferir en elecciones en EE UU, ciberataques destructivos e intrusiones que apuntan a infraestructuras críticas”, dijo el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, en un comunicado.

Uno de los ciberataques, que Washington y Londres atribuyen al Ejército ruso, es el llamado NotPetya, que se originó en junio de 2017 en Ucrania y que se propagó por buena parte del mundo, afectando al comercio mundial y la distribución de fármacos. Es considerado el más destructivo y caro ciberataque de la historia.

En paralelo, el Tesoro reveló que desde marzo de 2016 piratas informáticos vinculados al Kremlin han tratado de atacar organizaciones gubernamentales estadounidenses y sectores esenciales de la primera potencia mundial, como el energético, nuclear, de agua o aviación. Ese aviso, hasta ahora desconocido, sin duda alimentará el debate político en EE UU sobre las maniobras desestabilizadoras de Rusia.