Escoger el sexo de los hijos: un debate más caliente que nunca

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La posibilidad de que los padres puedan elegir desde antes de la concepción el sexo de los hijos genera muchas preguntas.
Foto: iStock

Investigación que logró un 90 % de crías macho en tres especies de mamíferos, enciende las alarmas.

Según la ley de la casa imperial japonesa, solo un varón puede heredar el trono. Pero en el 2005, ante la ausencia de un hombre en la línea de sucesión se evaluó seriamente cambiar esta ley, para permitir que una mujer fuera emperatriz. La idea se terminó abandonando después de que la princesa Kiko, esposa del segundo hijo del emperador Akihito, diera a luz un niño: el príncipe Akishino.

Lo sucedido en el seno de la familia del trono del Crisantemo ha estado latente por siglos en otras monarquías.

Felipe V, primer rey Borbón de España, trató, por ejemplo, de implantar la francesa ley sálica, que les prohibía reinar a las mujeres, lo que a la postre fue rechazado por las cortes de Castilla. Y aunque hoy la Infanta Leonor está en primera línea de sucesión de su padre, Felipe VI, la constitución española establece claramente que si Felipe de Borbón y Letizia Ortiz tienen un descendiente varón, su hija Leonor no será reina.

Afortunadamente, hoy una buena parte de las realezas que persisten en el mundo han entrado por la senda de la no discriminación de la mujer, y de dar ejemplo, desde lo más alto de la sociedad, sobre la importancia de una plena paridad de oportunidades para las mujeres.

Pero la preferencia por el hijo varón sigue estando presente en muchos campos de nuestro mundo: desde grandes empresarios que prefieren legar sus emporios a hijos del sexo masculino, hasta campesinos de países en vías de desarrollo que consideran casi como una tragedia tener una hija.

Por estas y otras razones, como el machismo y las discriminaciones y desigualdades de todo tipo que siguen golpeando a las mujeres, causó gran revuelo la reciente divulgación en la revista científica PLOS Biology de un estudio que da cuenta de cómo un sistema probado en cerdos, ovejas y ratones (mamíferos) logró que el 90 por ciento de las crías engendradas fueran machos.

La investigación fue llevada a cabo por científicos japoneses de la Universidad de Hiroshima, que trabajaron sobre la base de un compuesto químico que, al aplicarse intravaginalmente, ralentiza la velocidad de los espermatozoides X, para dar ventaja a los que portan el cromosoma Y, con carga masculina.

Y aunque esta posibilidad, (la de tener la certeza de cuál será el sexo del hijo, ya forma parte de la oferta de algunos procesos de fertilización ‘in vitro’, como lo recuerda el ginecólogo experto en fertilidad Ricardo Rueda, estas técnicas están hoy reservadas para condiciones muy específicas (por ejemplo, prevenir enfermedades como la hemofilia) y se realizan en las etapas de selección embrionaria, antes de implantarlo en un útero, para su posterior desarrollo.

Y de ahí el revuelo, porque si el sistema japonés se prueba con éxito en humanos y llegara a prosperar, podría volver el tema de la elección del sexo de los bebes una decisión absolutamente doméstica.

Un poco de ciencia
Según Rueda, el espermatozoide con el cromosoma X (carga femenina) puede ser un poco más grande y presenta mejores capacidades para enfrentar condiciones adversas. Por el contrario, dice, el espermatozoide Y es más corto, efímero y débil, pero se mueve más rápido, elementos que hoy en día parecen ser la base de varias de las costumbres y leyendas reproductivas que se han pasado de generación en generación. Para la muestra está que algunas personas recomiendan que para concebir un niño se deben tener relaciones sexuales el día de la ovulación (un día antes o después), porque los espermatozoides masculinos (más veloces) llegarían primero al óvulo que apenas empieza a descender por las trompas de falopio.

Aunque esto, dice el fisiólogo Javier Ernesto García, no es certero, no deja de tener cierta lógica, lo mismo que la posibilidad de que se engendren hijos varones cuando existen orgasmos femeninos, que al liberar más fluidos disminuirían la acidez y crearían un ambiente favorable para los espermatozoides.

Pero volviendo al trabajo de los japoneses, el asunto, según Rueda, parece fundamentarse en que el cromosoma X tiene muchos genes en comparación con el cromosoma Y, lo que permite identificarlos y actuar selectivamente sobre ellos, lo cual es reafirmado por los investigadores de Hiroshima, que dicen que el tratamiento químico aplicado, además de simple, es reversible y con una muy alta probabilidad de que la técnica se pueda aplicar a otros mamíferos.

El asunto también se ofrece como seguro, en razón a que los científicos manifestaron que no hay riesgo de dañar o alterar el ADN (material genético de los espermatozoides). Y aunque aclararon que el uso en humanos es especulativo, lo cierto es que su técnica ya ha despertado un gran debate.

Un debate gordo
¿Qué consecuencias podría tener para la humanidad que aquellas parejas que desean tener un descendiente del sexo masculino puedan concretar su voluntad con la simple compra de un gel o espuma de uso vaginal de venta libre?

Para empezar, algunos países prohíben la selección del sexo de los hijos por criterios de preferencia de los padres. Y las razones van más allá de aspectos morales o religiosos, que se oponen a esas prácticas por considerarlas antinaturales.

El bioeticista Camilo Andrade dice que una selección de este tipo sin fines terapéuticos puede promover procesos de discriminación que empezarían porque solo la gente con recursos podría acceder a estos productos, que seguramente no serán baratos.

Pero quizás lo más grave sería el potencial desequilibrio demográfico, en razón –dice Andrade– a que la naturaleza misma determina un equilibrio que pondera de manera ordenada la cantidad de hombres y de mujeres, según factores socio- ambientales que desbordan la competencia humana y que han funcionado bien por siglos y siglos.

Ante esto, hay quienes defienden la posibilidad de escoger el género de sus hijos, lo que, de acuerdo con la psiquiatra Olga Albornoz, se basa en el principio de libertad reproductiva de las parejas, frente a lo cual la falta de equilibrio entre la población de ambos sexos no tendría cabida, porque esto queda sujeto a la preferencia de cada familia.

Lo que sí no tiene objeción, anota Rueda, es la selección del sexo para evitar el nacimiento de hijos o hijas con enfermedades trasmitidas a partir de los cromosomas, lo que estaría justificado, según las legislaciones de muchos países en el mundo.

Albornoz reconoce que la elección del sexo pueda llegar a ser calificada por algunos como la adquisición de un producto más de consumo y admite el riesgo que otros avizoran: que la práctica de preferir a los varones se generalice en sociedades donde se discrimina marcadamente a la mujer, es decir, en la mayor parte del planeta.

Y esto, dice Albornoz, sería potencialmente muy peligroso, porque se sabe que hay tradiciones culturales que valoran como preferible el nacimiento de un varón y acuden, incluso, a métodos cruentos, para asegurar la descendencia del sexo deseado.

“El infanticidio femenino, el aborto (tras ecografía), el abandono de niñas recién nacidas y hasta las conocidas consecuencias de las leyes del hijo único, constituyen realidades” incontestables y que, lamentablemente, aún perduran en pleno siglo XXI, apunta.

China, India y Pakistán son países que han estado en la mira por esta dura realidad durante años, y se calcula que solo en Asia esta problemática le habría costado la vida de unos 200 millones de niñas.

Y aunque para algunos profesionales como Andrade, la posibilidad de elegir el sexo podría evitar miles de abortos ilegales, y por tanto, poner en peligro la vida de miles de madres, en aquellos países donde hay una fuerte presión social y económica por el género del bebé (y América Latina no es la excepción), lo cierto es que las preguntas y los temores son mucho más potentes, por los alcances y consecuencias que podría llegar a tener la proliferación de métodos como el recientemente descubierto en la Universidad de Hiroshima.

Es cierto que los geles y espumas vaginales para seleccionar el sexo de los hijos aún no están disponibles en el mercado, pero no hay que ser un adivino para intuir que es claro que muy pronto lo estarán.

Así que solo resta preguntar: ¿está una sociedad como la nuestra lo suficientemente madura para dejar la selección de los hijos en manos de cada uno? Las cifras de desigualdad entre hombres y mujeres, en sueldo, poder político, violencia de género, acceso a la educación y decenas de temas más, nos dan una primera y muy contundente respuesta.