¿Qué impacto tiene Apple en la salud de los niños?

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Dos grandes accionistas instan a llevar a cabo un estudio sobre el impacto de su tecnología en los más pequeños

Además de transformar para siempre la forma en la que nos comunicamos, los iPhone, uno de los prodigios tecnológicos más determinantes de nuestra era, podrían ser responsables de una grave crisis de salud que tiene en los niños a su eslabón más débil. Así lo creen dos grandes accionistas de Apple que, preocupados por la adicción que provocan estos dispositivos en los más jóvenes, remitieron una carta al equipo directivo de la empresa el pasado 6 de enero instándoles a desarrollar nuevas herramientas de software que permitan a los padres controlar y limitar el uso de los móviles de sus hijos.

“Más de 10 años después del lanzamiento del iPhone, es un cliché señalar la ubicuidad de los dispositivos de Apple entre niños y adolescentes. Lo que es menos conocido es que existe un creciente conjunto de pruebas de que, al menos para algunos de los usuarios más frecuentes, esto puede estar teniendo consecuencias negativas involuntarias”, señalan en su carta Jana Partners LLC y el Sistema de Retiro para Profesores del Estado de California, el mayor fondo de pensiones para educadores del mundo. Juntos, estos dos inversores suman alrededor de 2.000 millones de dólares en acciones de la empresa.

Los accionistas creen que, de no abordarse este tema ahora, podría llegar a tener repercusiones negativas para la empresa en los próximos años y dañar la confianza que los consumidores tienen depositada en la tecnológica. “Abordar esta cuestión ahora mejorará el valor a largo plazo para todos los accionistas”, apuntan en la carta.

El 50% de los adolescentes en EEUU son adictos
En el comunicado, los inversores también reclaman a Apple que lleve a cabo un estudio sobre las consecuencias que tiene para los jóvenes el uso intensivo de sus dispositivos desde las edades más tempranas de sus vidas. Se estima que un adolescente en Estados Unidos recibe su primer teléfono con 10 años y, de media, pasa más de 4,5 horas al día interaccionando con él. El 78% revisa sus teléfonos al menos una vez cada hora y la mitad se declaran “adictos”, según datos de la Asociación Americana de Psicología (APA, en sus siglas en inglés).

“Desafiaría el sentido común argumentar que este nivel de uso, por niños cuyos cerebros todavía están en desarrollo, no está teniendo al menos algún impacto; o que el fabricante de un producto tan poderoso no juega ningún papel a la hora de ayudar a los padres a asegurarse de que se usa de manera óptima”, señalan en la carta.

Apple, que ha rechazado comentar el asunto, según informa The Wall Street Journal, ya ofrece algunas medidas para que los padres puedan controlar el uso que hacen sus hijos del teléfono. Un ejemplo es la funciónSolicitar la compra, que envía una solicitud de aprobación al progenitor cuando el niño intenta descargarse algún contenido de la tienda de aplicaciones o realizar una compra. Además, la configuración de los iPhone permite bloquear el acceso a determinadas aplicaciones y contenidos.

Facebook y Google
La relación entre los menores y la tecnología y el uso que hacen estos de Internet ha levantado polémica en los últimos meses. En diciembre, Google anunció la contratación de más de 10.000 moderadores para revisar los contenidos que se suben a su plataforma para niños,YouTube Kids, después de que se descubriesen vídeos con contenido inapropiado en la aplicación.

Apenas unos días después, Facebook hizo público el lanzamiento de una versión de Messenger, su aplicación de mensajería, para menores de 12 años. Entre sus normas de uso, la red social establece en 13 años la edad límite para abrirse una cuenta. Sin embargo, muchos usuarios se saltaban este requisito para acceder, con los riesgos que esto conlleva. Un informe de la Comisión Europea, publicado en 2011, concluía que el 38 % de los niños de entre 9 y 12 años tiene un perfil en una red social y uno de cada cuatro son públicos, es decir, que pueden ser vistos por cualquier usuario.

Fuente: Expansión