Sanidad no descarta más afectados por el brote de sarampión detectado en un avión

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Un viajero de un vuelo de Vueling infectó a cinco miembros de la tripulación

El Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) del Ministerio de Sanidad emitió el 12 de diciembre una alerta por un brote de sarampión originado en un avión de la compañía aérea Vueling. Según los datos que se conocen hasta ahora, el caso índice (el que originó el brote) fue un pasajero y, de momento, cinco tripulantes han sido identificados como afectados. Los casos se detectaron en Madrid.

No hay datos ni en la web del CCAES ni en el boletín epidemiológico del Instituto de Salud Carlos III del origen del vuelo ni de la nacionalidad de las personas involucradas en este brote, aunque fuentes del ministerio afirman que hay alguna española y que hay implicados vuelos nacionales e internacionales. El último boletín epidemiológico semanal, que recoge datos hasta el 18 de diciembre, sí incluye 14 casos confirmados en la Comunidad de Madrid, pero no hace mención específica a este brote. Todos los casos, menos uno, los considera “importados”, lo que quiere decir que la persona desarrolló la enfermedad en España, pero la contrajo fuera. Para el total del país, registró 223, todos menos dos, de los que se desconoce el lugar de contagio.

La activación del protocolo de vigilancia y el plan nacional para la erradicación del sarampión supone prestar especial atención a quienes acudan a un médico con síntomas de sarampión para determinar si están relacionados con ese brote. También se ha trasladado la información a la red de alerta europea, ya que el sarampión tiene un periodo de incubación de una o dos semanas. Eso quiere decir que todavía es posible que se detecten afectados, bien entre los pasajeros bien entre personas que hayan estado en contacto con algún infectado.

Vacuna desde los sesenta
Sanidad no ha informado de que se estén realizando medidas activas de búsqueda. La mayoría de las personas en España están vacunadas del sarampión, ya que la vacuna se elaboró en los sesenta y aquí empezó a distribuirse de forma generalizada en 1965.

El virus se considera muy infeccioso. Se concentra en la garganta y la nariz de los pacientes, por lo que cuando estos tosen o estornudan es fácil que se transmita. Lugares cerrados como los aviones pueden ser un buen caldo de cultivo de estos brotes.

Para casi todos los afectados, se trata de una infección leve, que se caracteriza por fiebre alta, secreción nasal y la aparición de manchas rojas en la piel. Pero en algunos casos la enfermedad puede ser grave y provocar encefalitis que pueden ser mortales. Aun así, lo más probable es que la mayoría de las personas que no fueron vacunadas de niños —la tasa de cobertura en España de la triple vírica es actualmente superior al 95%, según los datos de Sanidad— hayan pasado la enfermedad en su infancia, por lo que habrán adquirido la inmunización de manera natural. En los que no estén protegidos (por no estar vacunados o porque el medicamento les hiciera poco efecto), los especialistas advierten de que el sarampión en adultos puede ser más grave que en los menores.

Por eso, en este caso la alerta internacional es más necesaria que la nacional, ya que si bien en España el plan de prevención (que data de 2012) consideró ese año como el final del último brote, en otros países de nuestro entorno no tienen tasas de protección tan altas, lo que supone que aumenta el riesgo.